Josu Juaristiren hitzartzea Forum Europan:

Lehenik eta behin, eskerrik asko antolatzaileei Forum Europa honetan parte hartzeko gonbidapenagatik. Eta eskerrik asko, hain goiz, hain ordutegi europarrean, Europari buruzko hitzaldia entzutera etorri zaretenoi.



Ez da lehenengo aldia foro honetan nagoela, baina orain arte kazetari moduan hurbiltzen nintzen. Gaur, hautagai moduan nator, maiatzaren 25ean ospatuko diren Europako Parlamenturako hauteskundeetan EH Bildu koalizioa ordezkatuko baitut.

Hace más de veinte años que comencé a escribir sobre la Unión Europea, y a formarme para hacerlo. Estos días he rescatado algunos apuntes realizados en el I Diploma de Integración Europea organizado por la UPV, que sirven para situar dónde estábamos, y dónde estamos.

9 de julio de 1995: Andoni Ortuzar, a la sazón secretario de Acción Exterior del Gobierno de Lakua, con mucha buena voluntad, escribía en Deia que la presidencia española del Consejo de Ministros de la Unión, en el segundo semestre de aquel año, "era una buena ocasión para Euskadi" y pedía una "comisión bilateral Euskadi-Estado para tratar los asuntos más singulares que giren en torno a nuestro país».

El 29 de julio, el entonces vicelehendakari, Juan José Ibarretxe, solicitaba expresamente que el consejero de Industria, Javier Retegi, pudiera participar en el Consejo de Ministros de Industria de la Unión Europea junto al ministro español.

Déjenme recordarles que a Retegi no se le permitió asistir a dicho Consejo y que aquella comisión bilateral que se constituyó formalmente el 30 de noviembre no sirvió de mucho. Y, en cambio, nació con una contrapartida que Madrid exigió y el Ejecutivo de Ardanza aceptó: su integración en la Comisión Multilateral de Asuntos Europeos de la que formaban parte todas las comunidades del Estado español. En la línea del conocido "café para todos". No funcionaron ni la bilateral ni, de hecho, tampoco la multilateral.

La "buena voluntad", la "oferta bilateral", la propuesta de "relación amable" que de nuevo escuchamos estos días en boca de un lehendakari del PNV, ha sido seguramente lo que me llevó a evocar aquellos apuntes y aquel trabajo de fin de Diploma. Pocos años más tarde, acababa de terminar el primer año del Master en Relaciones Internacionales cuando 300 policías españoles cerraban EGIN en una de las medidas más graves e impunes que haya vivido en primera persona. Personas honorables que trabajaron toda la vida por Euskal Herria siguen, aún hoy, en prisión.

Voy a decirlo tal y como lo siento: no es posible hoy una "relación amable" en términos de país con el Estado español; no lo era hace veinte años, y no lo es hoy.

Incluso Josu Jon Imaz, entonces diputado europeo por el PNV, escribía en Deia el 28 de setiembre que "Euskadi estaba perdiendo oportunidades políticas derivadas de la no presencia en los órganos de reunión y toma de decisiones de la Unión".

Voy a aclarar un poco más mi posición: no quiero ser un Länd alemán, no quiero ser Flandria, no quiero sentarme junto al ministro español de turno en un Consejo de Ministros de la Unión Europea. Pienso, como Imaz en 1995, que perdemos oportunidades políticas (y, añadiré, oportunidades sociales y económicas) cada día que seguimos anclados al Estado español, y al Estado francés. Pero, al contrario que Imaz o el PNV (mientras no me demuestren lo contrario, y no lo han hecho en estos veinte años de especialización en información europea), creo firmemente que la única opción para garantizar la seguridad y el futuro de Euskal Herria es construir y ganar un Estado independiente en Europa. Ganar nuestra soberanía para decidir qué queremos ser.

Porque ganará toda la sociedad: jóvenes y pensionistas, emprendedoras y empresarios, universitarios y universitarias, pacientes de nuestros centros de salud y hospitales, centros científicos, ikastolas...

Pero si no integramos el derecho a decidir en la ecuación, es decir, si no damos la palabra a la sociedad, y respetamos lo que diga, será muy difícil salir de esta rotonda a la que hoy parecemos condenados.

Gure ustez, eraldaketa soziala eta askapen nazionala eskutik doaz. Orain esaten digute lehenengo langabezia eta egoera soziala konpondu behar direla eta gero, egunen batean, beharbada, auskalo, hitz egingo dugula estatus politikoari buruz... Disoziazio hori faltsua da gure ustez.

La cuestión es que, además, seguir en esa rotonda tiene un coste enorme, insoportable. El nefasto efecto de arrastre del "factor español" es obvio en nuestra situación socioeconómica. Y déjenme añadir que tampoco en casa hemos hecho las cosas bien en estos años, ni en la Comunidad Autónoma Vasca, ni en Nafarroa.

La crisis, dirá alguien. Lógico. Pero eso no explica todo, ni de lejos. Somos un país próspero, lo fuimos al menos, y podemos y debemos volver a serlo. Sin filtros estatales, sin condicionantes, debemos configurar nuestro propio modelo socioeconómico y debemos invertir en nuestro tejido industrial, y en las personas. Tenemos los mimbres, pero no tenemos todos los instrumentos para desatar su potencial. Y el sector público tampoco invierte en ello. Más bien al contrario. Y el sector público es fundamental, también para alimentar el bienestar social.

Hay datos que me preocupan sobremanera, como a todos ustedes, claro. El grueso del número de desempleados en Euskal Herria se halla en los cuatro herrialdes del sur, donde nuestra tasa de paro bordea el 18%; es decir, hay más de 227.000 personas inscritas en el paro, pero es que la mitad de esas personas no recibe ninguna prestación. Y esto es inadmisible. En más de 50.000 familias, todos sus integrantes están sin trabajo. Son datos en absoluto acordes a nuestro potencial. Y ese lastre supone años perdidos, y demasiadas personas.

Rajoy nos habla de "recuperación"..., incluso Erkoreka apunta que parece que hemos entrado en fase de recuperación. Erkoreka se refiere, por supuesto, a Bizkaia, Araba y Gipuzkoa. Pues bien, yo les hablaré de Pello, de Josu, de Amaia, de Izaskun, de Olatz, de Inma, de Alberto... amigos o conocidos en paro, más bien amigas y conocidas, porque las mujeres son las más afectadas. Personas preparadas, con familia a su cargo en todos los casos.

El número de vascos y vascas con problemas graves para alimentarse debidamente supera con holgura las 100.000 personas. Solo en Araba, Gipuzkoa y Bizkaia hay más de 63.000 niños en situación de pobreza o riesgo de quedar marginadas.
Y yo me pregunto: ¿Qué estamos haciendo por esas personas? ¿Estamos haciendo lo suficiente? ¿En qué estamos invirtiendo para revertir esta situación?

No, no son preguntas inocentes. En este país estamos invirtiendo sobre todo en el Tren de Alta Velocidad y su enorme costo tiene consecuencias en la ausencia de inversiones allí donde, a nuestro entender, son imprescindibles para salir todos y todas juntos de esta situación: en educación, en sanidad... y en nuestra industria.

La industria sigue cayendo en picado. En los cuatro herrialdes. Con gobiernos de UPN, del PSE y del PNV. En cinco años, por ejemplo, se han perdido 70.000 puestos de trabajo en Bizkaia, Gipuzkoa y Araba.

Según los datos del CES, el peso de la industria ha disminuido en más de dos puntos desde 2008. No se está invirtiendo en el tejido económico. Y algo que casi me preocupa aún más, tampoco se está invirtiendo lo suficiente en tecnología e innovación, en ciencia. También en este ámbito estamos lejos de la media europea.

Para EH Bildu, construir un Estado es el único modo de parar la sangría y salir de esa rotonda que nos está ahogando como país, de ese círculo que está impidiendo desarrollarse a nuestro tejido social, económico y político (y también humano, por supuesto) del modo en que lo están haciendo algunos estados de Europa central y del espacio nórdico, que es el espejo donde al menos yo prefiero mirarme.

Necesitamos una política económica y social clara y propia. Sin embargo, los ejecutivos de Lakua e Iruñea siguen aceptando el camino que marcan Madrid y, aunque sin rescate oficial o formal, el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea desde la Troika.

La Troika, penúltimo instrumento no democrático y sin control democrático de esta Unión Europea, simboliza en estos últimos años buena parte del déficit democrático que aleja cada día más a la ciudadanía de un proyecto de integración al que se le ven hoy demasiadas costuras. Un instrumento sobre el que el Parlamento Europeo nada puede decir. Bueno, puede opinar, faltaría más, pero poco más.

Este es uno de los problemas de la única institución europea que podemos elegir directamente los ciudadanos y ciudadanas de la Unión. Que no pinta nada en las grandes orientaciones políticas, económicas y financieras de esta Unión Europea. Legisla mucho, desde luego, y el procedimiento ordinario que antes se llamaba codecisión la sitúa al nivel de los estados en muchos ámbitos, pero no en todos, y no en los más importantes.

Estos días se habla mucho, aunque como siempre en esferas reducidas, de que el Parlamento Europeo ha forzado a los grandes partidos a que designen sus candidatos a presidir la Comisión Europea, colegio de comisarios que los diputados y diputadas pueden censurar y hasta tumbar. Y se alude a esto como un gran logro de estos comicios, un argumento que ha llevado a la propia Cámara a publicitar estas elecciones con un "esta vez es diferente".

No lo es; de hecho, si los gobiernos designan como sucesor de Barroso a Schulz o Jüncker en función de qué grupo parlamentario triunfe será porque así lo quieren, no porque estén realmente obligados a ello.

En este modelo europeo los estados hacen cesiones, o concesiones, pero no cambia lo básico, y no terminan de perder el control, por mucho que Rajoy y compañía nos hablen de que los nacionalistas quieren crear fronteras en una Europa que las está derribando. Tampoco es cierto. Los 27, hoy 28, ni tan siquiera han sido aún capaces de aplicar todo lo que pactaron en el Tratado de Lisboa.

Pero, de algún modo, estas elecciones sí serán diferentes. Llega la extrema derecha, aunque ya está ahí, pero su llegada se anuncia con más fuerza porque, entre otras cosas, la derecha le ha dejado vía libre. Y es posible que el Partido Popular Europeo y el Partido de los Socialistas Europeos se unan aún más de lo habitual con esa excusa.
Pero, además, llegará con fuerza la izquierda, y esta sí que es una buena noticia, porque ninguna otra fuerza plantea de verdad una salida de la crisis en términos de justicia social. Justicia social para todos y para todas, no una Europa solo para unos pocos.

Pero para ello, es urgente cambiar las mayorías políticas en el Parlamento Europeo. Porque el rumbo de esta Unión, su deriva, más bien, va justo en la dirección contraria a la justicia social y al desarrollo equilibrado y cohesionado de las sociedades que la integran.

Nada que nos deba sorprender si consideramos el hecho de que la crisis está siendo utilizada en algunos estados, entre los cuales está por supuesto el español, para desmantelar servicios sociales básicos y llevar a su sociedad un inaceptable puñado de años hacia atrás. Recuerden el efecto de arrastre al que aludía poco antes.

Y, aunque la Unión Europea sea a menudo la excusa perfecta, un culpable siempre a mano para tapar los agujeros negros provocados, por ejemplo, por Madrid, lo cierto es que no es Bruselas quien le dice a Finlandia que sea como es, o a España que sea lo que es. La Unión Europea ofrece un marco normativo, cierto, hasta excesivo a veces, pero entre sus competencias exclusivas no figuran la mayoría de las que contribuyen a definir a una sociedad. Ni existe un modelo económico europeo, ni tampoco un modelo social europeo.

Lo primero es evidente y es muy posible que Berlín imponga tras las elecciones europeas una reforma parcial de los tratados para cambiar las cosas en la gobernanza económico-financiera.

Lo segundo es igual de obvio, pero la retórica al uso se empeña en hablar del modelo social europeo como si fuera uno solo. Pues bien, hay al menos 28. Y están en peligro.

Es, de hecho, una cuestión de soberanía. La tienes o no la tienes.

Con todas las normas europeas, con las políticas comunes, con todo eso... sigue siendo posible tener un modelo socioeconómico propio. Y Euskal Herria lo necesita, y lo necesita ya, sin perder más tiempo de los veinte que llevo contabilizados desde aquella primera clase del Diploma de Integración Europeo.

Sin perder más años ni más recursos, sociales y económicos. Y humanos. Estas últimas semanas he conocido a Maider, Ane, Jon, Iñaki y muchos más en Edimburgo y Bruselas. Llevan meses allí tratando de formarse y buscarse la vida. Hay más en Berlín, por ejemplo. La emigración no es algo que solo suceda en Galicia, Irlanda o Portugal. También ocurre aquí, está ocurriendo.

Hago un humilde pero firme llamamiento: invirtamos en nuestro país.

Invirtamos en nuestra industria, en la innovación, en los centros científicos que nos dan un valor añadido imprescindible. En lugar de visitar en helicóptero obras del tren de alta velocidad invirtamos en la educación y en la sanidad públicas, dejemos que nuestros profesores y profesoras, que los profesionales de nuestros centros de salud y hospitales, hagan su trabajo en condiciones, como saben.

Y tampoco perdamos más tiempo en encauzar plenamente nuestro proceso de paz y resolución. Aquí, ahora. Un proceso en clave democrática que el Parlamento Europeo conoce y reconoce desde 2006. Lo que muy pocos comprenden en Bruselas y Estrasburgo es la ceguera del Estado español y el seguidismo francés. También he podido constatar esto en mi última visita a Bruselas.

Hago otro llamamiento desde aquí: unamos fuerzas, trabajemos juntos.

Construyamos una sociedad mejor entre todos y todas. Construyamos un país, un Estado en Europa. No es una utopía. Es democracia.

Y puede hacerse incluso dentro de la Unión Europea. Imagínense, el corazón de los "asuntos internos" estatales.

Escocia ya lo está demostrando con un proceso pactado y negociado con Londres y, por mucho que el lobby español en Bruselas venda lo contrario, aceptado con naturalidad en el conjunto de la UE.

Y Catalunya ha creado las condiciones para cambiar otro poquito más el mapa de Europa.

Aunque, por supuesto, Escocia ha demostrado mucho más: ha retratado el carácter profundamente antidemocrático del Estado español en su reacción hacia Catalunya y hacia Euskal Herria. El límite, la frontera, está en lo que la sociedad decida libremente.

Y Euskal Herria debe situarse en ese mismo plano, a la altura de Escocia, o Catalunya.

Y decidir su futuro con la participación y la decisión de toda la ciudadanía. Decidir qué quiere ser y dónde quiere estar.

Berriro esango dut. Herri batek bere etorkizuna erabakitzea Europan ez da utopia. Demokrazia da.

Europar Batasunak ezin du ez dakit zenbat Europa desberdinen biltoki izan oinarrizko eskubideen kontuetan, oinarrizko eskubide politiko, sozial eta ekonomikoetan.

Beste Europa bat behar dugu, Europa berria, ezberdina, pertsonena... eta pertsonen zerbitzura. Europa hobea behar dugu. Herritarren eta herrien eskubideak errespetatuko dituena.

Legealdi hau historikoa izan daiteke Europar Batasunean, eta gu hor egongo gara.

Eskerrik asko denoi.